ACAPI - Asociación de Conductas Adictivas y Patología Dual de Iberoamérica

Presentacion del "Tratado sobre Patología dual"



PRÓLOGO
Pocas veces tiene una persona la posibilidad de realizar un prólogo a dos libros que traten de un tema que le apasiona, solamente la suerte, más que el mérito, me permite repetir ese agradable hecho.
La primera de ellas fue en el año 2002, cuando un buen amigo y compañero de la Sociedad Española de Toxicomanías (SET) que yo presidía, el Profesor Gabriel Rubio, también coordinador del presente libro, me lo pidió para el de “Trastornos psiquiátricos y abuso de sustancias”, que él y otros tres Profesores de Universidad editaron.
La calidad de la obra se sumo a la necesidad que teníamos de ella, pues desde la versión en castellano del libro “Diagnóstico Dual”, traducido por el Dr. Luis San en 1996, los que nos interesábamos por el tema, en esa época ya un número importante de profesionales de la medicina y la psicología, nos encontrábamos sin textos en castellano sobre el mismo.
Sin duda el tema de la Patología Dual (P.D) es complejo, pero resulta de una evidencia aplastante. Quizás venga bien recordar que algunos estudios dan cifras de comorbilidad para alcohólicos del 70%, y del 90% para los politoxicómanos.
La otra cara de la moneda, el consumo de sustancias entre los pacientes psiquiátricos, llega a una comorbilidad del 75% de alcoholismo entre los pacientes de estrés postraumático, o cifras también muy altas de consumo de drogas entre pacientes esquizofrénicos o esquizoafectivos.
No olvidemos resaltar que en ocasiones no es fácil diferenciar estas dos poblaciones, y que como en otros campos de la psiquiatría, la comorbilidad en general, y la P.D en particular, es un constructo teórico que nos permite entender mejor las cosas, pero que el paciente es uno e indivisible.
Sin duda prevalencias tan altas, y la dificultad que presentan los pacientes duales, que les hace entrar en el grupo de pacientes difíciles, son motivo de interés para muchos profesionales, del mismo modo que agobian a otros.
No se entendería el origen del interés por la P.D en España si no se mencionaran las Reuniones de Sitges organizadas por CITRAN y coordinadas por el Dr. San y los Profesores Casas y Gutiérrez. En ellas, además de una reunión específica sobre los Trastornos psíquicos en las toxicomanías, que se editó en 1992 como libro, siempre ocupó un lugar destacado el tema de la P.D. Además en esa época la SET, fundada por los tres recién nombrados, junto a otros destacados profesionales de la década de los 80, trabajó sobre el tema de la P.D con el máximo interés en sus Congresos.
También en América Latina desde hace muchos años preocupa la P.D, por ese motivo tras dejar la presidencia de la SET participé en la creación, y presidí durante unos años, el Colegio Iberoamericano de Trastornos Adictivos (CITA), que celebró su tercer y último Congreso en Buenos Aires en Abril del 2007, Congreso que presidió el Dr. Javier Didia.
Para terminar la revisión, resaltar el interés y dedicación que desde la Asociación de Psiquiatría de América Latina (APAL), bajo la presidencia del Profesor Edgard Belfort, se da a la P.D, que es garantía de éxito de cara al futuro.
Sería absurdo ocultar que el tema de la P.D fue, e incluso continúa en cierta medida, siendo polémico, para una parte de los médicos de la red de drogas, que nació fuera de la de salud mental, incluso fuera de la red sanitaria.
Para algunos de ellos era una ingerencia de la psiquiatría en las drogas, pues consideraban que los médicos que tratan a los adictos a las drogas deberían tener una nueva especialidad médica, y la P.D era una excepción o como mucho un trastorno inducido que ellos podían y debían tratar.
Hoy en día algunos irreductibles continúan en ese camino con la excusa de las neurociencias, planteando una especialidad en adicciones que lo único que pretende es satisfacer necesidades profesionales de un colectivo, en busca de una especialidad. Dicho planteamiento, hoy minoritario, tenía fuerza en unos momentos donde la mayoría de los médicos de drogas no eran psiquiatras, y donde el paro profesional era alto y además se vivía como una amenaza cualquier planteamiento que fuera en la línea de psiquiatrizar una red asistencial (que por paradojas de la vida trataba unos enfermos a los que salud mental no quería) que estaba comenzando a crearse como consecuencia de una epidemia, la adicción a opiáceos, que además venia acompañada de inseguridad ciudadana y de una enfermedad, en aquellos años mortal, llamada SIDA.
A muchos médicos especialistas sin título oficial (MESTOS) les favoreció, paradojas del destino, sus años de trabajo en este campo, y consiguieron el reconocimiento de la especialidad en psiquiatría a través de las Adicciones en una convocatoria especial que se hizo hace unos años en España, incluso en la actualidad (finales del 2009) se habla de una nueva convocatoria, y en el caso de repetirse ampliará el número de MESTOS que a través de las Adicciones obtengan su título de psiquiatría, que esperemos haga callar a los que hacen planteamientos tan absurdos y personalistas como el de “médico especialista en adicciones”.
Y para aquellos que no lo consigan (o si no hay nueva convocatoria), pueden y deben seguir con su trabajo en las Adicciones, pues se hace futuro mirando hacia adelante, pero hay que terminar con un pasado en el que la improvisación se planteó como norma, ante unos acontecimientos que llegaron a superar la capacidad de respuesta de las instituciones, y creó redes paralelas (muchas de ellas fuera de la red sanitaria) que son rémoras del pasado.
Continuando en el pasado, recordemos que en esa época, década de los 70, felizmente superada (no siempre cualquier tiempo pasado fue mejor) lo único que existía en España eran Dispensarios antialcohólicos, muchos de dichos Dispensarios fueron la escuela donde se formaron bastantes de los psiquíatras que luego pasaron a tratar a los adictos a la heroína. Y también hay que recordar que la Salud Mental dependía de las Diputaciones Provinciales y otras corporaciones locales como los Ayuntamientos o Mancomunidades, en un modelo más próximo a la caridad que a la asistencia sanitaria.
En la actualidad muchos de esos psiquiatras ya están felizmente jubilados, y otros próximos a ello. Ellos, junto con otros psiquiatras que desde salud mental se concienciaron de lo que se nos venía encima, entre ellos otro de los Coordinadores que es Presidente de Socidrogalcohol, el Profesor Julio Bobes, fueron los maestros de esa segunda generación, entre la cual me considero, que comenzó a trabajar en Trastornos Adictivos (T.A) y que luego descubrió el apasionante, aunque difícil, mundo de la P.D. Es cierto que esa generación fue poco numerosa, pero con las condiciones en las que se trabajaba era una temeridad trabajar en ese campo, frente a otros de la salud mental, que ofrecían estabilidad laboral y reconocimiento profesional.
Hay ya una tercera generación, representada entre los Coordinadores Españoles del libro por el Dr. Gonzalo Haro, que comenzó su residencia en psiquiatría con la idea de dedicarse a los T.A y a la P.D. El y otros (Dr. Carlos Roncero, Dr. Néstor Szeman, Dr. José Martínez Raga, Dr. Guillermo Ponce, y muchos más) que escriben varios de los capítulos, son la garantía para el futuro, de forma que se termine con una época en la que no existía una adecuada reglamentación en la formación que deben tener los médicos que tratan a los pacientes con T.A y más si tienen una P.D, que repito deben ser psiquiatras con formación e interés por estos trastornos, y a los que se les debe ofrecer unas condiciones de trabajo adecuadas, dentro del Sistema Nacional de Salud, equiparando los trastornos adictivos en el Estado Español a otros, por ejemplo los de la alimentación, que ya reciben una terapia apropiada.
En la misma línea los psicólogos deben ser psicólogos clínicos con buena formación en trastornos adictivos, hasta que en un futuro, esperemos que cercano, exista en ellos la posibilidad que ya van a tener los residentes de psiquiatría, de hacer en el último tramo de su formación la especialización, últimamente reconocida por ley, de Adicciones.
No quisiera olvidar, que desde América Latina, el Profesor Edgard Belfort en APAL, y el Dr. Javier Didia, desde la Asociación de Conductas Adictivas y Patología Dual Iberoamericana (ACAPI) que él preside, desarrollan una ardua labor en el mismo sentido, y que a través del Programa de Intercambio de Profesionales “Padre Jofre”, permite que las palabras pasen a los hechos, y que jóvenes psiquiatras de América Latina puedan pasar unos meses en España (por el momento Castellón de la Plana y Valencia) para completar su formación en P.D.
Espero que el libro que hoy está en sus manos, querido lector, le ayude a poder conseguir desenvolverse mejor en su trabajo, con unos pacientes que presentan unas de las más difíciles y poco comprendidas patologías mentales, las adicciones con patología dual.

Dr. Gaspar Cervera